Una de esas noches, pero como ninguna otra

“Sobre la eterna noche del pasado se abre la eterna noche del mañana”,

Ramón María del Valle-Inclán.

¿Ustedes saben lo que es cocoyito? Es como los kurepas le dicen al ka’iro pero generalmente se aplica cuando la persona que va de carga (?) lo hace sobre los hombros del transporte humano. Bah, al menos eso es lo que me decía mi viejo, ese mismo señor de 60 años al que acompañé a entrar a Norte el sábado, como toda la vida, y que antes me alzaba a mí y se bancaba todos los empujones para ir saliendo hacia Parapití, llegar hasta 5ta y tomar el 27.

Ese es mi recuerdo más preciado de la infancia, los domingos a la cancha. Ir a La Olla, aprenderme los apellidos de Arce, Gamarra y Enciso, conocer geografía latinoamericana por Capurro, Alex Rossi, Mondragón, Cristaldo y Goycochea. Que no importe una torrencial lluvia si vas ganando 5 a 0, que se podía soñar despierto con Virgilio, Guido, Pamperito y Gauchinho. Y que a pesar de que te puedan superar en tu cancha, ser de Cerro es mirar siempre adelante, pensar en la noche del mañana.

Expectativa/Realidad
Una de las ideas que se pudo completar. Foto: Instagram Camilo Guanes.

La Olla siempre fue para mí la Capital del Sentimiento, de muchos sentimientos; de la esperanza en ver apariciones de chicos que me hacían pensar con absoluta ignorancia “capaz algún día pueda ser yo” y que ahora me hacen pensar “capaz algún día pueda ser mi hijo”. De la tristeza de despedidas como la de Dos Santos, Tigre, Sasá y tantos otros a los que por talento es imposible retenerlos y disfrutarlos mucho tiempo. De optimismo con la magia de Fabbro, del respeto a la entrega y la clase del flaco Nanni, de admiración hacia Fidencio y Grana, de identificación plena de barrio con Iturbe, de renovación con Junior, Chino, los Romero, Almirón, Diaz, Josué y Cecilio.

En ese lugar mi viejo me contó por primera vez la historia del año 63 cuando la primera radio Philips de Iturbe hacía que toda la compañía donde creció se rodeara a escuchar como ese equipo que unía a colorados y liberales ganaba un título de un torneo de la lejana Ciudad de Asunción. En ese lugar mi papá se olvidaba de los problemas económicos y se forzaba a una dieta que me permitía a mí degustar una chipa, y escuchar sobre lo genial que era el Nino, lo rápido que era Cabañas, lo maravilloso que pudo haber sido que algunos no nos hayan traicionado. Esos colores que siempre me acompañaron con mis dos abuelos y las anécdotas de navidad sobre cómo el 87 trajo la alegría de volver a gritar campeón y festejaron conmigo siendo aún un recién nacido.

La Olla es el lugar dónde siempre seguí la línea de mi familia que se repite en las canciones a lo largo del tiempo, “no importa si ganás o perdés, a vos te sigo alentando”. Retrocediendo jamás, y como en la vida, aunque a veces más despacio de lo esperado, siempre avanzando.

Es donde estamos cómodos los cerristas, es verdaderamente La Catedral de la Pasión. Ahí dónde no importa mucho cómo te está yendo, si aparecés en zapatillas, o de traje, si llegaste en 4×4 o en colectivo, sino que importa ser parte del conjunto, del pueblo, de gente que comparte algo contigo, la pasión por este fenómeno difícil de explicar y que le cuesta muchísimo al externo entender.

La Nueva Olla.
Norte, siempre norte.

Y así, el 19 de agosto del 2017 va a quedar en mi memoria espero que para toda la vida, o al menos mientras el Alzheimer lo permita. Sobran historias de la jornada, como la del tipo que le guardaba su asiento a quien ya no lo pudo acompañar como tantas veces, porque hace unos meses partió físicamente. La de la gente que viajó kilómetros y kilómetros para estar con los suyos. Muchas, demasiadas. Lo que puedo jurar que ninguna de las 50 mil personas que estuvieron presentes salieron con los ojos secos.

A pesar de las fallas imponderables, el latente pedido de divorcio (!) por no haber podido conseguir alguna entrada más para la patronal que aguanta tanto siempre, me voy a quedar siempre con la sensación de que la gente que vivió la reinauguración de La Nueva Olla tiene algo para contar por muchos, pero muchos años, independientemente a los resultados deportivos, por el espíritu general y colectivo en un día que estaba anunciado con un clima adverso y que terminó siendo una gran fiesta, de la que pude ser parte.

Pasando las tres décadas y por mi formación, casi siempre estuve ajeno a organizaciones o agrupaciones, hasta este año, en el que cuando me llamaron para colaborar con la subcomisión de marketing del club, no lo dudé un segundo. Y esto es raro, habiendo crecido en Villa Elisa y viendo profesionalmente cómo la carencia de apellido opaca las propuestas, fui aprendiendo a mantenerme al margen de tanta invitación a ser parte de algún que otro selecto grupo, pero no fue así con Cerro. Algo me decía que podía contribuir.

Hoy ver mi nombre y apellido como colaborador, habiendo escrito parte del guión del show, viendo que se hicieron realidad las ideas del domingo popular abierto para la gente en Barrio Obrero, escuchando las canciones de la barra cantadas por artistas cerristas, me hace repensar un montón de posiciones sobre intervenir y activar en lo que sea que permita construir. Haber salido del prejuicio, de considerar que se puede participar, me permitió conocer e interactuar con gente absolutamente distinta y excesivamente talentosa.

Cerro arrancó una nueva historia el sábado, una historia distinta a la del pasado, y que se irá renovando noche tras noche, creo que es momento para que pase lo propio en mi vida misma.

Gracias Ciclón.


Catedral de la Pasión
Capital del Sentimiento.

Gracias Camilo Guanes, Francisco Lettieri, Raúl Zapag, Joaquín y Gabriel Cosp, Sergio Marcos, Poli Achaval, Riki Arias, Ka’i Ortiz, Oti, Buda, Anthony, Oliver Stanley, Rodrigo Galván, Riki Arias, Fer Mendoza, Marcos Frutos, Jorge Gómez, al Presi, a Ricardito, el de la 12, al Monchi, a Rodrigo, a Mauri, todos los músicos, a toda la gente que se portó de una manera excelente y a todas las personas que hicieron que el sábado haya sido ‘una noche de esas noches’, pero que no será como ninguna otra jamás.

comision

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