Die Verwandlung

Cuando decidí ponerle el coso de “textos esencialmente para mí mismo” a este blog, pensé que este iría a ser un espacio propicio para discutir y evaluar situaciones antes de que…eh…sucedan. Es decir para pensar en voz alta, algo como “qué pa lo que va a pasar si hago esto”, en lugar de, por ejemplo, “esto es lo que quiero que pase”. Como queda evidenciado (?), mi fuerte es profundizar en la condición humana y su intersección con el mundo laboral de manera clara, concisa y precisa.

Mi intención era contar con el blog precisamente como una bitácora de situaciones que se fueran dando en el ámbito laboral día a día. Que lo que yo pudiera exponer le permitiera a otras personas tomar mejores decisiones, basadas en mi experiencia. Y, en lo posible, que funcionase también en sentido inverso, y poder nutrirme de colaboración externa sobre lo que sea que me generase dudas en ese momento. ¿Tópicos? Futuro de la industria de medios, impacto de las redes sociales, desarrollo de aplicaciones. Temas de conversación en aquel Bar al que Capusotto nos hacía pertenecer de manera tácita ya hace unos años.

En lugar de eso, esto terminó siendo un espacio para algún que otro plagueo o, en el peor de los casos, un anuncio parroquial del tipo “ahora me voy a laburar acá”, con o sin (generalmente con) una lista de factores explicando mi decisión, como si eso le importara a alguien. Un combo de dos sensaciones: 1. la falsa experiencia rockstar que potencia el mundo de las redes sociales. 2. la necesidad de mostrarme neutro, objetivo, equilibrado, por las convenciones sociales de la profesión.

La excusa, por lo general, es la falta de tiempo. Durante el último par de años tuve un par de kilombos a nivel familiar y personal, de esos que te cambian la vida y hacen que todo lo demás parezca trivial, secundario, innecesario. Pero siendo honesto conmigo mismo, nada de eso es razón para dejar de escribir, acá o dónde sea. Tus kilombos (o por lo menos mis kilombos) son casi siempre una excusa conveniente e inexpugnable para dejar de hacer algo que cuesta hacer. Por ahí hubiera costado un par de veces, como siempre cuesta empezar todo. Pero la repetición de ideas, el ponerlas por escrito, el publicarlas, el compartirlas, todo eso genera otras cosas que tienden a ser positivas, a no ser que lo tuyo sea redactar manifiestos neo-nazis.

Dicho esto, probablemente desperdicié historias, que dudo en llamar grandes por no sonar demasiado grandilocuente, pero pienso que toda historia es potencialmente una gran historia si uno sabe cómo contarla, y yo no las conté. A los periodistas no nos enseñan a escribir sobre nosotros mismos, nuestros miedos, desatinos emocionales, nuestros fracasos como padres, esposos, hijos o personas.

En fin. Prometo que no va a volver a pasar. (?)

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Durante los últimos dos años aprendí mucho, demasiado, de uno de los mejores equipos de developing que haya tenido cerca. Intentando transformar la operación digital de un elefante como un diario tradicional. Acostumbrado a la satisfacción de terminar rápido un trabajo y pasar a otra cosa, el proceso de más de 24 meses es absolutamente desgastante. Principalmente porque ante la duda, la inacción es casi siempre la respuesta más conveniente en una administración lógicamente burocrática y acostumbrada a otro esquema de negocios.

No obstante, haber acordado el uso de una herramienta tecnológica con un gigante de la comunicación como el Washington Post, y que el diario La Nación haya podido establecer un equipo de transición, per sé, es un logro inicial esencial para el futuro cercano del diario. Independientemente a consideraciones sobre la línea editorial. Vivimos ahora en un mundo escaso de atención para el formato de lectura tradicional y de estructura narrativa periodística del Siglo XX.

En esa etapa es que ahora me toca un desafío nuevo: gerenciar los contenidos de un canal -GEN- que de entrada luego ya se complica solito porque apunta a tres pantallas:

  1. La señal lineal. Canal 12 en Tigo Star y espero en poco tiempo más en otras dos operadoras de cable.
  2. On-Demand. La web, donde el contenido se acumula y al ser ‘seriable’ permite darle continuidad a la reproducción de los vídeos sobre un tópico o sobre un formato.
  3. Las 5 a 6 pulgadas que son una extensión de tu mano. Mediante streaming paralelo a los programas tales. 

Todos estos ‘canales’ tienen que tener lógicas de comunicación distintas pero conectadas, es decir vías paralelas para proponer el tratamiento de temas determinados por una redacción por demás joven y urbana, inicialmente. Así como sumar en la construcción a los demás medios del Grupo Nación.

Hace poco escuché decir a Graydon Carter, el icónico jefe de Redacción de Vanity Fair, que en la vida profesional uno siempre está 75% seguro de lo que quiere hacer y ese restante 25% es la clave, porque es donde uno se sostiene en lo que puedan colaborar los demás dentro de un equipo para un producto exitoso/efectivo.

Cuando GEN vivía en la cabeza de dos personas, una de ellas Dani Da Rosa, había que usar ‘extras’ para montar pilotos de lo que pretendía ser el canal. Ver que en menos de dos años en este proyecto audiovisual ya se tiene un estudio, con media docena de sets en construcción, videos con impacto y alcance no ya de miles, sino millones de personas, cambia completamente el panorama en relación a lo que uno cree saber sobre comunicación.

Así que por acá andamos, tratando de entender la dinámica de este negocio en constante mutación, lejos de aquel comienzo de los ‘golpes’ del teclado pensando en la diagramación, pero supongo aún más lejos todavía del final de esta película, vaya a saber en cuantos años.

Y con ganas de compartir historias.

 

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